Nadie, ni nuestro pasado, nos define
¿Cuántas veces te has sentido preso/a de lo que fuiste? De un error, de una versión antigua de ti, de lo que dijeron, de lo que asumieron o de lo que callaste porque no sabías cómo explicarlo.
Hoy quiero que leas esto con el corazón abierto:
No somos lo que otros piensan de nosotros. No somos prisioneros de nuestros errores. Y nuestro pasado no es nuestro futuro.
¿Por qué dejamos que el pasado nos defina?
A veces es la sociedad, a veces son los comentarios y otras veces somos nosotros mismos repitiendo historias que ya no nos pertenecen.
Quedamos atrapados/as en recuerdos, en errores, en voces que suenan más fuerte que nuestra propia conciencia:
“Eres así.” “Nunca cambias.” “Ya te conocemos.”
Pero… ¿y si no?
¿Y si ya no eres lo que fuiste? ¿Y si cambiaste? ¿Y si no tienes porqué quedarte atado/a una versión que ya no existe?
No eres lo que otros dicen de ti
Lo que piensan de ti es solo eso: una opinión, no un veredicto. Una perspectiva, no una verdad absoluta.
Y muchas veces, las críticas reflejan más al que las dice que a quien las recibe.
Porque el envidioso inventa, el chismoso difunde y el ingenuo lo cree.
¿Vas a vivir defendiéndote de cada rumor o vas a vivir tan auténticamente que los rumores se ahoguen con tus acciones?
El problema de querer agradar a todos
Cada persona tiene una versión diferente de ti. No puedes ir por la vida corrigiendo cada una.
No viniste a complacer, viniste a ser.
No gastes tu energía aclarando lo que no necesita explicación.
Preocúpate más por tu conciencia que por tu reputación: tu conciencia es lo que eres, tu reputación es lo que otros suponen.
No siempre serás el héroe de la historia
A veces alguien te odiará sin conocerte, a veces alguien contará tu historia desde el dolor que sintió, aunque jamás quisiste lastimar.
Eso no te convierte en villano.
Solo te convierte en humano.
No somos héroes ni villanos. Somos personas atrapadas en historias incompletas que otros contaron desde sus heridas.
Lo que fuiste no define lo que puedes ser
Sí, cometiste errores. Sí, actuaste desde la inconsciencia, el miedo o el dolor.
Pero eso no te condena, eso te forma.
Equivocarse no significa fracasar. Significa que lo intentaste.
Y que, si quieres, puedes aprender.
Tus errores no son etiquetas, son lecciones
No definen tu esencia, reflejan tu humanidad.
No te condenan, te enseñan.
No son el final, son parte del proceso.
Y si alguien intenta usarlos en tu contra, recuerda: solo tú sabes lo que te costó aprender, soltar, sanar.
Ejercicio para liberar lo que ya no eres
Piensa en una crítica o juicio que alguien tuvo sobre ti.
Pregúntate con honestidad:
¿Esto refleja quién soy hoy o solo quién fui en un mal momento?
¿Es una perspectiva externa o una verdad interna?
Luego… suéltalo.
Tú eliges qué historias llevar contigo.
Puedes reinventarte cuantas veces quieras
Esa es la magia: podemos cambiar, crecer, evolucionar.
Podemos ser nuevos en nuestra forma de amar, de pensar, de reaccionar.
Puedes decir: “eso fui, pero ya no soy eso.”
Aunque otros se empeñen en recordar quién fuiste, tú puedes recordarte quién estás eligiendo ser hoy.
Al final…
No somos una sola cosa. No somos un error ni una versión que ya quedó atrás.
Somos una historia que se sigue escribiendo… y la pluma está en tus manos.
La próxima vez que sientas que algo o alguien quiere detenerte o etiquetarte, recuerda:
Tú decides cómo sigue tu historia.
Tú decides qué escribir en tu propio pizarrón.
No estás aquí para que te entiendan.
Estás aquí para entenderte a ti.
Sigue volando.