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La única manera de no equivocarnos, es no hacer nada

¿Quieres la fórmula perfecta para no equivocarte nunca?

No lo intentes.
No te arriesgues.
No hagas nada.
Y listo.

Nadie te va a criticar.
Nadie va a opinar.
Nadie va a juzgar tus decisiones.

Pero tampoco vas a avanzar.
Ni a crecer.
Ni a conocerte.
Ni a vivir realmente.

Porque sí: equivocarse duele, pero no hacer nada… duele más.

La trampa de querer hacerlo todo perfecto

Vivimos con miedo a fallar.
Miedo a no estar a la altura.
Miedo a que algo no salga como lo esperábamos.

Y por querer hacerlo todo perfecto, muchas veces nos paralizamos.
Posponemos.
Postergamos.
Y nos inventamos excusas muy bonitas para ocultar que, en realidad, tenemos miedo.

El miedo a equivocarnos nos tiene congelados

¿Cuántas veces has dicho “todavía no es el momento”?
¿Cuántas veces has esperado “sentirte listo”?
¿Cuántas oportunidades has dejado pasar por miedo a equivocarte?

Y sí, claro que da miedo.
Pero también da miedo llegar al final y darte cuenta de que no viviste por estar huyendo de los errores.

Porque la verdad es esta: las personas que más han crecido, también son las que más se han equivocado.

SCNHM-La única manera de no equivocarnos, es no hacer nada

Fallar no es el problema. No moverte, sí.

Nos enseñaron que fallar es sinónimo de fracaso.
Que si algo no sale bien a la primera, es porque no era para ti.
Que si te equivocaste, es porque no servías para eso.

Mentira.

Equivocarse es parte del camino y nadie aprende a caminar sin tropezarse antes.

No estás aquí para ser perfecto/a. Estás aquí para ser real.

Hay gente que se burla del que intenta.
Del que empieza.
Del que se lanza.

Pero ¿sabes qué? Ellos están mirando desde la banca.
Tú al menos estás jugando el partido.

Y claro que a veces vas a meter autogoles.
Pero también vas a anotar puntos.
Vas a aprender estrategias.
Y, sobre todo, vas a conocerte en acción.

¿Te equivocaste? Bien. Eso significa que lo intentaste.

Equivocarte no habla de tu falta de valor.
Habla de tu valor para intentarlo.

Nadie que haya hecho algo grande en la vida lo hizo sin fallar primero.
Nadie que hoy admiremos lo logró sin momentos de duda, sin errores, sin caídas.
La diferencia es que lo hicieron de todas formas.

Las cosas importantes no se logran sin riesgos

Amar con el corazón abierto.
Seguir un sueño.
Iniciar algo nuevo.
Cerrar algo que ya no funciona.

Todo eso implica arriesgarte a que no salga bien.
Pero también implica darte la oportunidad de que sí.

Más vale una cicatriz que una pregunta eterna

A veces es mejor decir:
“Me equivoqué”
que pasarte la vida diciendo:
“¿Y si lo hubiera intentado?”

Porque las cicatrices sanan.
Pero la duda no te deja en paz.

Equivocarte no te hace débil. Te hace humano.

Y en este mundo obsesionado con parecer impecables,
ser humano, real, con errores, tropiezos, dudas y todo…
es un acto de valentía.

Así que no te castigues por cada fallo.
No te exijas perfección.
No te conviertas en tu peor juez por haberte equivocado.

Agradécelo.
Porque cada error te enseñó algo.
Y cada intento te hizo más fuerte.

Porque al final…

La única forma de no equivocarte nunca es quedarte en el mismo lugar,
hacer lo mismo de siempre y mirar cómo pasa la vida sin ti.

Y eso, sinceramente, sería el peor error de todos.

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